Un día de rebelión y sabiduría decidí
cambiar el caparazón que me proporcionaba el carro y opte por convertir una
bici en mi nuevo medio de transporte, Vasco
fue bautizado y su nombre es una oda a la mascota del oceanario de Lisboa –siempre
busqué algo propio para otorgarle dicho alias-
Soñaba con transitar
tranquilamente por las rutas que la capital me proporcionaba, el viento en mi
cara, la música desde mi iPod, la mirada amable de mis coterráneos, ellos sabrían
que al preferir este medio colaboraba con problemas propios de nuestra
ciudad.
Para mi desaliento todo fue menos que cercano. De Vasco no me quejo, fiel compañero y testigo de tan vergonzoso primer desplazamiento, el viento en mi cara no fue más que tierra y humo de carros, motos, buses, busetas, zorras e inclusive de personas -ruines fumadores- que impotencia darse cuenta que las ciclo rutas están construidas en las vías más superpobladas de la ciudad, ejemplo claro la concurrida 13. Mis oídos no oían mi música -que peligro por Dios-, cuando vas en bicicleta eres enemigo de todos necesitas tus 5 sentidos, pocas personas parecen entender que la ciclo ruta es vía de bicis, así que terminas contaminando con tu pito cada metro de la vía y además no consigues que la gente “amablemente” te de paso, en los cruces tienes que lidiar con los conductores que nos ven como despreciables oportunistas y cada semáforo en rojo se convierte en una carrera contra el tiempo, son 15 segundos de pedaleo intenso y esquivada instintiva de huecos, baches y charcos.
Valdría decir que odié montar en bicicleta por Bogotá, pero seré sincera y pese a lo pesimista del relato debo admitir que fue todo lo contrario. Logre derrotar la monotonía de la ciudad, encontré mi deporte extremo y me sentí orgullosa de lograr mi destino pese a los obstáculos. De una u otra forma recordé la esencia de Bogotá caótica y encantadora, así siempre la había querido y así la había elegido como sede de mi vida. Me quejare cada día de las molestias pero me será otorgada una nueva sensación de felicidad.
Ya que si señores, ahora ando sobre 2 ruedas.

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