miércoles, 15 de agosto de 2012

Sobre 2 ruedas


Un día de rebelión y sabiduría decidí cambiar el caparazón que me proporcionaba el carro y opte por convertir una bici en mi nuevo medio de transporte,  Vasco fue bautizado y su nombre es una oda a la mascota del oceanario de Lisboa –siempre busqué algo propio para otorgarle dicho alias-
Soñaba con transitar tranquilamente por las rutas que la capital me proporcionaba, el viento en mi cara, la música desde mi iPod, la mirada amable de mis coterráneos, ellos sabrían que al preferir este medio colaboraba con problemas propios de nuestra ciudad. 

Para mi desaliento todo fue menos que cercano. De Vasco no me quejo, fiel compañero y testigo de tan vergonzoso primer desplazamiento, el viento en mi cara no fue más que tierra y humo de carros, motos, buses, busetas, zorras e inclusive de personas -ruines fumadores-  que impotencia darse cuenta que las ciclo rutas están construidas en las vías más superpobladas de la ciudad, ejemplo claro la concurrida 13. Mis oídos no oían mi música -que peligro por Dios-, cuando vas en bicicleta eres enemigo de todos necesitas tus 5 sentidos, pocas personas parecen entender que la ciclo ruta es vía de bicis, así que terminas contaminando con tu pito cada metro de la vía y además no consigues que la gente “amablemente” te de paso,  en los cruces tienes que lidiar con los conductores que nos ven como despreciables oportunistas y cada semáforo en rojo se convierte en una carrera contra el tiempo, son 15 segundos de pedaleo intenso y esquivada instintiva de huecos, baches y charcos.

Valdría decir que odié montar en bicicleta por Bogotá,  pero seré sincera y pese a lo pesimista del relato debo admitir que fue todo lo contrario. Logre derrotar la monotonía de la ciudad, encontré mi deporte extremo y me sentí orgullosa de lograr mi destino pese a los obstáculos.  De una u otra forma recordé la esencia de Bogotá caótica y encantadora, así siempre la había querido y así la había elegido como sede de mi vida. Me quejare cada día de las molestias pero me será otorgada una nueva sensación  de felicidad.

Ya que si señores, ahora ando sobre 2 ruedas. 

viernes, 10 de agosto de 2012

La insobornable levedad del ser mujer


Corría Septiembre o era Mayo, ¿como saberlo realmente?, hacía tiempo que el tiempo no avanzaba me encontraba en un periodo ridículo sin un espacio.

Siempre soñé con una vida des-complicada, donde los lujos fueran maniobrados por momentos puntuales o gustos temporales, me aterraba la idea que algo me gustara por un periodo más largo que mi conciencia de fin de semana. Tanto temor y tantas ganas de lograr seguir con mis ideales grotescos, llenos de anarquía donde cada idea pasaba por una serie de filtros por miedo a que fueran infundadas, al llegar al ultimo filtro simplemente ya no existía la idea ni un recuerdo de por que fue cuestionada tanto.

Pero como decía, corría noviembre, yo no sabía lo  inolvidable y trascendental que sería ese mes para mí.  Yo una mujer desdichada, me cuestionaba todos los días el rumbo que le dí a mi vida, deseaba profundamente haber tomado otro camino vocacional, tal vez como ingeniera o abogada sería más feliz… Me odiaba enseguida por abatir en esas especulaciones, volvía a mi miseria y me convencía que era lo correcto, el sentimiento de miseria era felicidad y  yo era feliz pese a que no entendiera que así se sentía ser feliz.

Así que bajo esa premisa,  corría un Feliz mes de febrero, mi espejo reflejaba lo que era la imagen tardía de alguien quien yo había olvidado. Pensaba en los sueños de esa persona lejana pero los apartaba esperando desaparecerlos por completo. Solo buscaba que el tiempo que había pasado me explicara como llegue y hacia donde debía dirigirme, y aunque nunca lo hizo, debo admitir que corría Julio, y el clima era detestable, la sociedad indignante y yo solo aprendía  la insignificancia del ser, lo inolvidable en un mes y lo insobornable que resulta ser dentro  un periodo denominado el periodo al ser mujer.

!Cuidado! sospechas de un tamal suelto en Buenos aires



Alguna vez cuando vivía en Buenos aires logré conseguir lo que en el momento fue lo más exquisito que llegaría a comer en meses, la dicha era tal que al verlo sentí que el aire susurraba las estrofas de nuestro himno nacional, el “oh gloria inmarcesible” tuvo sentido, y podía notarse bajo esas verdes hojas de plátano el sabor a hogar, a familia, a barrio –aunque nunca viví en uno-

Eran 2, los condenados tamales que había recibido producto de un trueque, mi felicidad no podía ser mayor, solo esperaba compartirla con alguien que al igual que yo fuera digno de tan distinguido alimento.
Bueno Realmente no pensé mucho para elegir aquella persona, yo tenía un tamal de sobra y un novio Argentino sobrado,  eran directamente incluyentes. 

No puedo describir el tono de mi voz, mi expresión de acontecimiento al contarle que esa noche iba a saborear un plato típico colombiano que le cambiaría la vida. Llegue a su apartamento y corrí a su cocina le pedí afablemente que pusiera la mesa.

En un comienzo no entendí mucho, mis ojos no se acostumbraron a esa luz tenue que proporcionan las velas, me costó unos minutos percatarme de lo pintoresco que era todo. La escena se torno así, yo con 2 platos hondos donde había servido los tamales cada uno con una rebanada de pan por supuesto, y  mi querido gaucho acostumbrado a sus bifes y su puré de papa, de pie abriendo una botella de vino a la luz de las velas esperando por mi y el plato que  cambiaria su vida. Tengo que sentirme orgullosa, fuí fuerte y no solté la carcajada, de hecho fue tan gracioso que no hice ningún comentario al respecto, me senté puse mi cara de sofisticada y devoré mi tamal, claro que vi su sorpresa al encontrarse con tan curioso plato, y claro que el vino no era menos que poco agradable para acompañarlo, nunca pregunte su percepción del plato, me conforme con haber roto un mito que nunca me había cuestionado

¿Es acaso el vino un buen acompañante del tamal?

viernes, 3 de agosto de 2012

Yo propongo veto

Articulo columna de opinión
Revista Viutik segunda edición  www.ideasjovenes.com 
Abril 2010

Por casualidades de la vida terminé en un debate acerca de la educación en Venezuela, educación que es obligatoria (como en Colombia), y gratuita (como no lo es en Colombia) también cuentan con subsidios en alimentación, transporte e incluso hasta descuentos en diferentes productos y servicios, Pues que bueno un aplauso por ello, mas es un hecho que poco me importó, lo que me dejo pensativa fue un asunto más del tipo de clases que se impartían, y como en la educación media se dicta obligatoriamente una asignatura conocida como “premilitar” la cual consiste en nada más y nada menos que el manejo de armas y técnicas de combate, y si por algún motivo (pánico, accidentes inesperados, vagancia) no aprueban la asignatura simplemente no obtienen el grado…  fue ahí, en ese momento donde pensé en lo adelantada de la educación Venezolana, la educación para futuro,  bueno por lo menos si para un futuro cercano que parece  querer Hugo… tras un rápido ejercicio mental,   pensé que en Colombia sucedía algo tal vez parecido con todos aquellos manifestantes concentrados principalmente en universidades públicas o hinchas inconformes  de cualquier equipo,  los cuales sin duda serían medallistas olímpicos en lanzamiento de… cualquier cosa, lo que les pongan ellos lo tiran claro que también pensé que ideológicamente ellos parecen estar  en una posición mas del tipo anarquista y sería difícil saber qué partido tomarían en caso de un eventual conflicto con nuestro vecino  bolivariano.  Es así como  Colombia no deja de ser un país expuesto, a merced de este tipejo, que no le basta con acabar un país tan prominente como lo fue Venezuela, quien practica la política de guerra, esperando sumar  partidarios, al motivar el odio hacia nuestro país, y aunque para nada estoy de acuerdo con los conflictos sin importar su tipo, debo admitir que tanta especulación mal intencionada y ridícula me motiva a proponer  una solución ortodoxa... y que mejor para nuestras vidas de alegres Colombianos capitalistas, que vetar a este individuo… no más amenazas, ni frases celebres, no más incoherencias (para incoherencias nuestros políticos nos bastan), no más burlas, no más “huele azufre”, no más caricaturas, no más “porqué no te callas” no más declaraciones,  no más pendejadas… No más publicidad gratuita para Chávez  

PERFIL

Mi foto
Bogota, Cundinamarca, Colombia
Vivian Andrea Melo, estudiante de mercadeo y publicidad del Politécnico Gran Colombiano. Actualmente me encuentro haciendo un diplomado en redes sociales Logros recientes: culmine exitosamente todas las materias de la carrera. Nací un Martes 13 del 87, vi la luz por primera vez en Bogotá, pero me críe y forje gustos y disgustos en Cúcuta. -Me definen como chistosa, dicharachera y buena gente, aunque soy incapaz de aceptarlo porque me defino humilde. Me apasionan las redes y sus alcances en estrategias de marketing. He trabajado y me he divertido en un par de buenos sitios. Actualmente redacto artículos para Viutik www.viutik.com y hago parte de la Red de bloggers del politécnico grancolombiano, antes hice practicas en Italian Beauty en el área de mercadeo de la marca Gamma italy, en algún momento trabajé como mesera así que preparo un excelente café. Fanática y jugadora de Fútbol. Leo y me distraigo pero nunca leo distraída y recaigo una y otra vez en mi adicción al cine.